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Andrés González Enríquez, Psicólogo
Clínico del Centro de Psicología Virtual de La Coruña,
señala que con el inicio del tratamiento con suficiente
precocidad se suelen derivar resultados positivos.
La dislexia se presenta en muchos
grados, desde pequeños problemas superables en breve plazo,
hasta una dificultad que se arrastra de por vida y que se
aproxima hacia la disfasia, un problema más grave y profundo
de todas las áreas del lenguaje. Por ello, puede degenerar
siempre y cuando no se desarrolle la solución adecuada al
mismo.
De cualquier modo, con el inicio del
tratamiento con suficiente precocidad se suelen derivar
resultados positivos y una clara mejora en el rendimiento
escolar. Y la mayor o menor efectividad va a depender de
factores como la profundidad del trastorno, el nivel de
motivación inicial o que se le consiga inculcar, el grado de
implicación de la familia y el profesorado, un adecuado
diagnóstico y tratamiento, así como la duración y el
seguimiento del trabajo.
Por ello, es vital la detección
precoz de estos problemas, antes de que generen los problemas
de personalidad aludidos.
Sobre la dislexia y sus consecuencias
para el afectado ha opinado Andrés González Enríquez,
Psicólogo Clínico del Centro de Psicología Virtual de La
Coruña.
¿Cuáles son las consecuencias para
el paciente? ¿Pueden realizar una vida normal?
Las consecuencias fundamentales para
los pacientes, si bien pueden llevar una vida normal,
consisten en lo que tienen que hacer para superar sus
dificultades perceptivas específicas, y suelen presentar un
alto grado de fatiga, lo cual produce una atención inestable y
poco continuada. Por esta causa, los aprendizajes de lectura y
escritura les resultan áridos, sin interés, y no encuentran en
ellos ninguna motivación que atraiga su atención.
Este problema se agudiza con el
tiempo si el aprendizaje de la lecto-escritura se retrasa,
pues el trabajo escolar exige cada vez más habilidades, y el
niño se va distanciando de lo que ocurre en el aula. En
ocasiones, compensa un tanto su dificultad, si se le consigue
motivar mediante la atención auditiva de lo que se dice en el
aula; indicado en niños con alta capacidad intelectual, para
que aprendan por esta vía. Pero en general se produce:
- Desinterés por el estudio, en especial, cuando se da un
medio familiar y/o escolar poco estimulantes. Sus
calificaciones escolares son bajas, con frecuencia son
marginados del grupo, y llegan a ser considerados (y a
considerarse a sí mismos) como niños con retraso
intelectual.
- La posición de la familia y de los profesores es creer
que tiene un mero retraso evolutivo (o intelectual, en casos
extremos), o bien, lo más frecuente, considerar que es un
vago, lo que se le reprocha continuamente, con consecuencias
funestas para la personalidad del niño, que se rebela frente
a la calificación con conductas disruptivas que llamen la
atención, o se hunde en una inhibición y pesimismo cercanos
a la depresión.
- La inadaptación personal. Es frecuente encontrar en
estos niños una serie de rasgos que denotan cierto desajuste
emocional, que en estudios realizados y en mi práctica,
consideramos tres características destacadas; sentimiento de
inseguridad, compensado por una cierta vanidad y falsa
seguridad en sí mismos, y en ocasiones, terquedad para
entrar en el trabajo y la motivación que requieren los
tratamientos. En general, la franqueza, la explicación de su
problema, la incidencia en que su capacidad intelectual es
normal o superior, ayudan a crear un clima que favorece la
intervención del terapeuta. La dificultad estriba en
generalizar esa actitud positiva al resto del entorno de los
niños, esto es, la familia y la escuela.
¿Qué papel tiene la familia en el
progreso de la enfermedad?
Es clave, tanto para la gravedad del
mismo, previo al diagnóstico e implementación del tratamiento,
como para la solución, cuando la actividad reeducadora ha sido
iniciada.
En nuestro sistema educativo se da
por supuesto que la responsabilidad de la enseñanza recae
sobre el profesor más que sobre los padres. En el caso de los
niños disléxicos, suele recaer sobre el especialista
(psicólogo, pedagogo, logopeda o profesor especializado). Este
énfasis en la labor del profesor no es adecuado, por cuanto
los padres pueden ser, y de hecho son en ocasiones por propia
iniciativa, una fuente de ayuda importante para sus hijos.
El papel más importante que tienen
que cumplir los padres quizás sea el apoyo emocional y social.
El niño debe saber que sus padres comprenden la naturaleza de
sus problemas de aprendizaje. Esto requerirá frecuentemente
tener que dar al niño algún tipo de explicación acerca de sus
dificultades disléxicas.
También es importante comunicarle que
se le seguirá queriendo, aunque no pueda ir especialmente bien
en el colegio. Hay que evitar que la ansiedad de los padres
aumente los problemas del niño, aumentando su preocupación y
generando dificultades emocionales secundarias.
Los padres (y todos los que se
relacionan con él o ella) deben dejar muy claro al niño que
puede tener éxito, ya que si el niño "sabe" que no puede tener
éxito, porque así se lo hacen sentir las personas importantes
de su entorno, tendrá miedo de intentarlo, y como en la
profecía que se auto-cumple, hace por fracasar, sin apenas
darse cuenta, lo cual complica la tarea del especialista.
El éxito puede implicar una
considerable cantidad de trabajo, pero se le hace ver que se
comprende su problema, y va a recibir una ayuda específica a
fin de que pueda superarlo.
Irónicamente, a veces los padres que
han tenido dificultades similares y que han sufrido mucho en
la escuela son los que tienden a ejercer una presión mayor,
consiguiendo un fin diametralmente opuesto al pretendido.
Conviene que admitan su preocupación y compartir con el niño
los problemas que tuvieron. Esto le hace sentirse "más
normal".
Es totalmente inadecuado e inútil
comparar en sentido desfavorable al niño disléxico con un niño
sin problemas. Esto sucede especialmente si el niño que va
bien en el colegio es más pequeño que el que tiene el
problema. Conviene recordar que ambos son distintos y que el
disléxico tiene sus cualidades. Las rivalidades fomentadas
entre hermanos pueden acabar mal.
Es importante desarrollar la
autoestima en todo los niveles. Puede hacerse dispensando al
niño consideración positiva incondicional, en especial, cuando
se siente decaído o fracasado. Es fundamental evaluarlo con su
propio nivel, esfuerzo y rendimiento. La dificultad es no
pasar a la sobreprotección, al "todo vale". Pero la guía es
tener clara la escala de valores en la que se desenvuelve el
niño, la situación de partida, el esfuerzo realizado.
Otra cosa a tener en cuenta son las
dificultades prácticas asociadas con la dislexia: confusiones
con las horas del día, equivocaciones respecto del lugar donde
se colocan las cosas, tendencia al desorden, distracción,
torpeza en ocasiones y dificultad en el cumplimiento de las
instrucciones (si no se le dan muy claras y concretas, y se
aseguran de que las haya comprendido). Todo esto exige una
gran dosis de paciencia, pero es tan importante como
comprender las dificultades mismas del aprendizaje del
lenguaje escrito.
Los padres pueden tener en ocasiones
un papel directo de formadores. Esto depende en buena medida
del tipo de relación que haya entre ellos y sus hijos. A
veces, es completamente imposible y hasta desaconsejable que
ayuden a sus hijos. La situación se torna en ocasiones tan
cargada de ansiedad, que ambas partes pierden la calma, se
enfadan, y las condiciones de un aprendizaje con éxito y de
refuerzo positivo sistemático se vuelven inalcanzables.
¿Existen rasgos de personalidad
comunes a los pacientes disléxicos?
Es cierto que, como indicábamos
anteriormente, así como la asociación británica, el niño
disléxico presenta características de personalidad que a veces
se atribuyen a otra cosa, pero que tienen que ver con su
problema de aprendizaje, a veces como causa y otras como
consecuencia, pero no existe a mi juicio una personalidad del
niño disléxico, como no la existe del enurético, del disfémico
(tartamudez), etc.
Por lo general, las personalidades
observadas dependen directamente de la actitud tomada ante su
problema, tanto de su familia como de sus educadores en el
centro escolar.
Así podemos encontrarnos niños
disléxicos extravertidos, alegres, comunicativos y con una
actitud abierta. En cambio, otros con una marcada ansiedad,
sentimiento de inferioridad e incluso trastornos de conducta
importantes, dependiendo de la comprensión y apoyo de los
educadores y los padres.
¿Cree que hay suficientes centros
especializados para atender la demanda existente?
Existe gran oferta de centros
especializados en todas las ciudades de España, atendidos por
profesionales especialistas de la intervención
psicopedagógica, y concretamente, en el área del lenguaje.
¿Cuántas personas con este
trastorno acuden a consulta?
Es un problema bastante común,
cifrándolo entre un 10% y un 15% de la población, por lo que
la incidencia de pacientes con esta problemática es frecuente.
¿Qué tratamiento debe
seguirse?
Cuando se habla del tratamiento de la
dislexia, generalmente se piensa en fichas de lateralidad,
orientación espacial, grafomotricidad, orientación temporal,
seriaciones, etc.
Sin embargo, no está demostrado que
todo esto sea necesariamente previo al aprendizaje de la
lectoescritura ni "conditio sine qua non" para poder avanzar y
recuperar las dificultades disléxicas. Lo que yo practico
fundamentalmente y recomienda Thomson es el
"sobreaprendizaje".
Volver a aprender la lectoescritura,
pero adecuando el ritmo a las posibilidades del niño,
trabajando siempre con el principio rector del aprendizaje sin
errores, propiciando los éxitos desde el principio y a cada
paso del trabajo de sobreaprendizaje. Se trata de hacer el
reaprendizaje correcto de las técnicas lecto-escritoras,
haciéndolas agradables y útiles para el niño, propiciando el
éxito en lugar del fracaso que está acostumbrado a cosechar.
Las colecciones de fichas me parecen
útiles como trabajo de apoyo y complemento de la tarea
principal, para variar las tareas y que no sean demasiado
idénticas a las del aula, así como para incidir en
determinados aspectos que algún niño necesita especialmente.
En la situación del aula se pueden
dar las siguientes sugerencias específicas:
- Haga saber al niño que se interesa por él y que desea
ayudarle. Él se siente inseguro y preocupado por las
reacciones del profesor.
- Establezca criterios para su trabajo en términos
concretos que él pueda entender, sabiendo que realizarlo sin
errores puede quedar fuera de sus posibilidades. Evalúe sus
progresos en comparación con él mismo, con su nivel inicial,
no con el de los demás, en sus áreas deficitarias. Ayúdele
en los trabajos donde necesita mejorar.
- Preste atención individualizada siempre que sea posible.
Hágale saber que puede preguntar sobre lo que no comprenda.
- Asegúrese de que entiende las tareas, pues a menudo no
las comprenderá. Divida las lecciones en partes y compruebe,
paso a paso, que las comprende, ¡un disléxico no es tonto!
Puede comprender muy bien las instrucciones verbales.
- La información nueva debe repetirla más de una vez,
debido a su problema de distracción, memoria a corto plazo
y, a veces, escasa capacidad de atención.
- Puede requerir más práctica que un estudiante normal
para dominar una nueva técnica.
- Necesitará ayuda para relacionar los conceptos nuevos
con la experiencia previa.
- Preste tiempo para organizar sus pensamientos, para
terminar su trabajo. Si no hay apremios de tiempo, estará
menos nervioso y en mejores condiciones para mostrarle sus
conocimientos. En especial para copiar de la pizarra y tomar
apuntes.
- Alguien puede ayudarle leyéndole el material de estudio
y en especial los exámenes. Muchos disléxicos compensan los
primeros años por el esfuerzo de unos padres pacientes y
comprensivos en leerles y repasarles las lecciones
oralmente.
Si lee para obtener información o
para practicar, tiene que hacerlo sobre libros que estén al
nivel de su aptitud lectora en cada momento.
Tiene una dificultad tan real como
un niño ciego, del que no se espera que obtenga información
de un texto escrito normal. Algunos niños pueden leer un
pasaje correctamente en voz alta, y aún así, no comprender
el significado del texto.
- Evitar la corrección sistemática de todos los errores en
su escritura. Hacerle notar aquellos sobre los que se está
trabajando en cada momento.
- Si es posible hacerle exámenes orales, evitando las
dificultades que le suponen su mala lectura, escritura y
capacidad organizativa.
- Tener en cuenta que le llevará más tiempo hacer las
tareas para casa que a los demás alumnos de la clase. Se
cansa más que los demás. Y hay que procurarle un trabajo más
ligero y más breve. No aumentar su frustración y rechazo.
- Es fundamental hacer observaciones positivas sobre su
trabajo, sin dejar de señalar aquello en lo que necesita
mejorar y está más a su alcance. Hay que elogiarlos y
alentarlos siempre que sea posible.
- Es fundamental ser consciente de la necesidad que tiene
de que se desarrolle su autoestima. Hay que darles
oportunidad de que hagan aportaciones en la clase. Evite
compararle con otros alumnos en términos negativos (así es
como a veces se consigue que se conviertan en
caracteriales). No hacer jamás chistes sobre sus
dificultades. No hacerle leer en voz alta en público contra
su voluntad. Es una buena medida el encontrar algo en que el
niño sea especialmente bueno y desarrollar su autoestima
mediante el estímulo y el éxito.
- Hay que considerar la posibilidad, como se ha comentado
anteriormente, de evaluarle con respecto a sus propios
esfuerzos y logros, en vez de hacerlo respecto de los otros
alumnos de la clase. (Es la misma filosofía de las
adaptaciones curriculares). El sentimiento de obtener éxito
lleva al éxito. El fracaso conduce al fracaso (profecía que
se auto-cumple).
- Permitirle aprender de la manera que le sea posible, con
los instrumentos alternativos a la lectura y escritura que
estén a nuestro alcance: calculadoras, magnetófonos, tablas
de datos...
Considero que todo profesional de la
enseñanza debería saber algo sobre dislexia y tener en cuenta
estas oraciones en la medida de lo posible. Se evitarían
muchos problemas en las aulas.
¿Cuál es el tiempo estimado de
curación, salvando las excepciones propias de cada
paciente?
El tiempo de curación total oscila
entre 6 meses y un año, pero observando ya una mejoría
sensible a partir del segundo mes de tratamiento
¿Existe la curación completa o
quedan secuelas?
La curación completa existe, aunque
es importante señalar que, en multitud de ocasiones, sólo es
atenuada hasta la edad adulta presentado secuelas como: les
cuesta automatizar las nociones espaciales y temporales, su
lectura no llega alcanzar nunca una gran rapidez y su
expresión oral no suele ser muy fluida, pero esto no impide el
desarrollo profesional, incluso en el ámbito universitario.
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